Los riesgos ocultos en el desarrollo del MAAN (Mejor alternativa a un acuerdo negociado) Por Isidoro Madrid
La primera tarea de un negociador
consiste en preparar (y en cierta manera prevenir) cuales van a ser los
elementos que se someterán a discusión para, a continuación, preparar cuál será
su postura a adoptar sobre los mismos. Más en concreto, su trabajo consistirá
en llevar a cabo un estudio de las condiciones en las que va a desarrollarse la
negociación, realizar una exploración de los intereses comunes y, la creación
de nuevas opciones que puedan resultar satisfactorias para ambas partes (lo que
también podríamos definir como “abrir la mesa”), entre otros muchos a tener en
cuenta. Sin embargo, un trabajo destaca notablemente por encima del resto: por
contradictorio que parezca, una de las cosas más importantes que un negociador
ha de hacer cuando prepara una negociación es preparar cuál sería cuál su mejor
alternativa a un acuerdo negociado (MAAN), o dicho de otra forma, cuál sería su
segunda mejor opción en caso de que el acuerdo nunca tenga lugar.
Evidentemente la creación de un
“plan B” exige del negociador una inversión de tiempo y esfuerzo y, si, como
suele ser habitual, se negocia para empresas, también una inversión económica,
en tanto que el MAAN es, para entendernos, unilateral, es decir: su éxito o su
fracaso no depende de la habilidad negociadora a fin de obtener unos intereses
en disputa, sino que más bien depende de su capacidad de gestión. Un MAAN ha de
ser una realidad (puede que una realidad que nunca llegue a ser efectiva o
necesaria), dispuesta a ser eficaz desde el día uno después del fin de las
negociaciones.
Podría parecer que una inversión
excesiva en construir el MAAN puede desviar o despistar el objetivo principal,
que no es otro que el de negociar con éxito, pero muy al contrario, un MAAN
fuerte otorga más serenidad al negociador, en tanto que puede discutir sus
intereses con mucha más libertad, al tener la salida a ese acuerdo asegurada.
Un MAAN bien construido no solo libera al negociador de la sensación de estar
jugándose el todo o nada en la negociación, sino que también, y esto es muy
importante, le permite centrarse en realizar una buena negociación, una en la
que, entre otras muchas cosas, pueda desarrollar una escucha activa, pueda
colaborar con la otra parte y pueda ser creativo a la hora de plantear nuevas
opciones de beneficio mutuo.
Sin embargo, existe un riesgo a
la hora de la construcción del MAAN que el negociador debe saber identificar: el
sentimiento implícito o explícito de pérdida de recursos en caso de no llegar a
necesitarlo. Dicho de otra forma, más directamente: la sensación de estar
dedicándole demasiado tiempo a algo que jamás será utilizado, de haber
·”hundido” sus recursos.
Esta percepción de la inversión
perdida, genera, a su vez, un deseo de recibir una ganancia como
contraprestación: es decir, al haber dedicado recursos, tiempo y esfuerzo en un
plan que jamás se materializará se fuerza la negociación a fin de obtener un
resultado más favorable en una negociación en curso.
Cuanto más grande haya sido la
inversión, mayores serán, por lo tanto, las aspiraciones de ser compensado en
el trato que se negocie, desarrollándose por lo tanto (o, sin afán de ser tan
dramático, siendo la semilla de posibles)
conductas oportunistas en la negociación. Por ejemplo, al considerar el
negociador que su inversión en el MAAN es irrecuperable, puede llegar a mentir
en la negociación o tergiversar la información que ofrece a la contraparte, a
fin de intentar mejorar sus resultados. E incluso, si esa sensación de
pertenencia es muy intensa, puede llegar a abandonar una negociación basada en
principios y ejercer una negociación posicional dura, en la que sus peticiones
se vuelvan exigencias y en la que la única opción razonable sea un acuerdo de
máximos, de sus máximos.
¿Cómo salvar una situación de
este tipo? No se debe olvidar que la negociación trata de salvaguardar, como
mínimo, dos valores: la relación y los intereses. Se ha de recordar, entonces,
que una negociación destinada a obtener, a todo coste, los propios intereses
sacrificará sin lugar a dudas la relación existente con la otra parte. Frente a
las obviedades, repetición: ténganse bien presentes los principios de buena fe
y buena voluntad recíproca. Una buena forma de escapar de la pesada sombra del
costo irrecuperable de un MAAN es, por ejemplo, exponer claramente a la otra
parte estas dudas:
Mateo: He trabajado mucho en mi alternativa,
tanto que me merezco un acuerdo acorde a mis esfuerzos
Lucas: ¿Y cuál es tu alternativa? Quizá
podamos incluir algunos elementos en el acuerdo principal que no solo sean
buenos para ti, sino para ambos.
Jugando con los contrastes a modo
de conclusión, la mejor arma para acabar con la sombra de la presión que un
MAAN tiránico puede producir, es, sin lugar a dudas, arrojar toda la luz
posible a través del diálogo entre las partes.
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