En un contexto de negociaciones
comerciales es normal encontrar dos intereses a ser satisfechos: por un lado
fijar unas relaciones estables entre las partes y por otra introducir un
elemento de flexibilidad que permita adaptarse a las condiciones
intrínsecamente cambiantes del mercado. Los negociadores que se enfrentan a una
situación de este tipo, encaran un aparente dilema o, dicho de otra manera, se
aspira a conseguir lo mejor de los dos mundos, esto es, unos acuerdos lo
suficientemente firmes que definan con claridad los derechos y obligaciones respectivas
de las partes, a las que al mismo tiempo, se les permita conservar la
flexibilidad necesaria como para hacer frente a las variaciones comerciales que
puedan incidir en su actividad. Una solución a este aparente dilema son los
llamados “acuerdos marco”.
¿Qué es un acuerdo marco? Es
aquel acuerdo dirigido a establecer las condiciones y principios que regirán la
relación de las partes, en cuyo contexto tendrán lugar acuerdos concretos o
negociaciones específicas. Por ejemplo, y más concretamente, un acuerdo de este
tipo sería aquel que estipule clausulas tales como la manera de compartir el
conocimiento sobre el estado de la técnica en su sector, cómo establecerán los
precios, qué estrategias de marketing seguirán o si contemplan la
subcontratación de sus servicios y, en este caso, en qué términos.
Un ejemplo de acuerdo marco sería
aquel que una empresa de refrescos y una cadena de supermercados firman para
fijar asuntos como la exclusividad, la forma de facturación, la
confidencialidad, la forma de terminar su relación comercial, etc. Y dentro de
ese acuerdo marco, cuyos principios, como decíamos, rigen la relación, podrán
tener lugar negociaciones específicas como la fijación de promociones para productos
concretos o campañas de publicidad por temporadas.
Un acuerdo marco, por lo tanto,
puede ayudar a las partes a entender los intereses y necesidades mutuas,
ofreciendo, además, un esquema que les permita adaptarse a las condiciones
cambiantes del mercado, produciéndose como resultado una mayor colaboración de
las partes a la hora de, por ejemplo, buscar una respuesta común a las nuevas
oportunidades que puedan surgir.
Trampas ocultas de un acuerdo marco
En teoría, trabajar en dos
niveles diferentes (un acuerdo a largo plazo combinado con contratos a corto
plazo y más detallados) puede beneficiar a todas las partes al permitir que los
clientes y proveedores creen relaciones estables incluso cuando las condiciones
del mercado sean, en gran medida,
impredecibles.
Sin embargo, los acuerdos marco
conllevan también riesgos significativos, derivados de una mala redacción de
sus términos. En concreto, los acuerdos marco, debido precisamente al amplio
rango de situaciones que han de quedar previstas, incluyen lenguaje
deliberadamente vago o, incluso, reglas que en la práctica se descubren
imposibles de cumplir. Y al contrario, otro de los errores de los acuerdos
marco consiste en ser redactados en términos demasiado estrictos e inflexibles,
dejando a las partes (o, más en general, a la parte débil del acuerdo) en una
situación de desventaja inicial irrecuperable o resultar tan frágiles que se
desmoronen a la hora de hacerse cumplir.
Incidiendo más en el riesgo
mencionado, un acuerdo marco puede ser utilizado por la parte fuerte en una
negociación para imponer ab initio
una condición ampliamente beneficiosa para sus intereses que no reconozca las
necesidades de la otra parte. Condicionar de esta forma una relación comercial
determina de forma definitiva de qué manera se llevarán a cabo las
negociaciones concretas, que sin duda, limitarán la capacidad de la parte débil
que perderá por tanto su capacidad de obtener ni siquiera su mínimo aceptable. Una
actitud dirigida a maximizar los propios beneficios mediante el “secuestro” del
dialogo con la otra parte, conduce, tarde o temprano, a una negociación
posicional en la que, en el mejor de los casos, se dejarán ganancias sobre la
mesa y en el peor, la parte débil perderá hasta la camisa.
Es cierto que un buen acuerdo
marco otorga a las partes la seguridad y la flexibilidad necesarias como para
enfrentarse con garantías a los imprevisibles cambios en el mercado a la vez
que se garantizan unos pactos fuertes que salvaguarden sus intereses además de
fomentar una unión fértil que concluya en una colaboración mutuamente
beneficiosa. Sin embargo, no es menos cierto que un acuerdo marco negociado de
forma errónea puede inclinar la mesa de forma tal que todos los acuerdos
futuros queden condicionados y definidos por una desigualdad esencial, siendo
que el terreno perdido en este momento, difícilmente podrá recuperarse con
posterioridad.
Negociar estratégicamente un acuerdo marco
Un buen acuerdo marco puede ser
definido como aquel que articula los valores de las empresas y sus expectativas
en un lenguaje que resulta vinculante y comprensible para ambas. Además,
también ha de ser flexible, a fin de otorgar a las partes la libertad
suficiente como para renovar o actualizar su acuerdo si las condiciones
esenciales cambian.
A la hora de construir un acuerdo
marco, es recomendable seguir esta serie de pautas:
1) Comprometerse
a trabajar conjuntamente estipulando el alcance del acuerdo, cuánto durará y lo
que cada parte aportará a la mesa.
2) Articular
los valores de cada parte, como sus reglas de ética y la tolerancia al riesgo,
y asegurarse de incluirlos en el acuerdo general
3) Especificar
con qué frecuencia las partes revisarán y renegociarán los términos específicos
del acuerdo marco.
4) Establecer
cómo se resolverán los problemas relacionados con asuntos específicos como por
ejemplo, los precios, la publicidad, etc.
5) Incluir
en el acuerdo marco las forma de resolución de sus disputas, siendo altamente
recomendable acudir a mecanismos como la mediación, a fin de salvaguardar la
relación comercial a la vez que se encuentran vías de satisfacción de los
intereses mutuos.
En resumen, cuando un acuerdo marco se negocia con
cuidado, puede, sin duda contribuir a crear relaciones comerciales duraderas,
capaces de resistir a elementos cambiantes, consustanciales a la propia
naturaleza del mercado. Sin embargo, como hemos visto, también se trata de un
mecanismo que, si no se usa de forma razonable, puede comprometer la capacidad
de las partes de forma que sus intereses y expectativas queden hipotecados para
siempre. La mejor forma, por lo tanto de articular un acuerdo marco, es tratar
de desarrollar un razonamiento predictivo que incluya, en la medida de lo
posible, todas las circunstancias, tanto positivas como negativas que puedan
darse a lo largo de la vida del acuerdo. De esta forma, anticipando tanto los
peligros como los beneficios, se estará en condiciones de llegar a un acuerdo
no solo estable sino beneficioso y eficaz para las partes intervinientes.
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